Hoy en día, podemos encontrar bagels rellenos de cualquier cosa, acompañado de un café de especialidad o formando parte de desayunos y brunches en cafeterías de todo el mundo, como en JNJ & Books Coffee.
Pero ¿de dónde viene realmente los bagels? ¿Quién tuvo la idea de crear un pan redondo con un agujero en el centro?
¿Qué es un bagel?
El bagel es un pan en forma de anillo que se distingue por una técnica de elaboración muy particular ya que antes de hornearse, la masa se cuece en agua caliente. Este proceso le da una corteza brillante y ligeramente crujiente, mientras que el interior permanece denso y tierno.
Esta combinación de texturas es precisamente la que ha convertido al bagel en uno de los panes más reconocibles del mundo.

Los orígenes del bagel: Europa del Este
La mayoría de los historiadores coinciden en que el bagel nació en las comunidades judías de Europa del Este, en territorios que actualmente forman parte de Polonia.
Las primeras referencias documentadas aparecen en el siglo XVII. Un registro de la ciudad de Cracovia, fechado en 1610, menciona un pan circular conocido como «bajgiel« que se entregaba como regalo a las mujeres después de dar a luz.
¿Por qué tiene forma de anillo?
Aunque existen varias teorías, la más popular sostiene que la forma circular simbolizaba el ciclo de la vida, una idea muy presente en diversas tradiciones europeas y judías.
Sin embargo, otra teoría apunta a razones puramente prácticas: los vendedores podían ensartar varios bagels en una cuerda o una vara de madera para transportarlos y venderlos fácilmente en los mercados. Sea cual sea la verdadera, el agujero central se ha convertido en la seña de identidad del bagel.
El bagel y las comunidades judías
Durante siglos, el bagel fue un alimento fundamental dentro de las comunidades judías asquenazíes de Polonia, Ucrania, Lituania y otras regiones de Europa oriental. Las razones son que era relativamente económico, fácil de transportar y podía conservarse durante más tiempo que otros panes.
El viaje a América
A finales del siglo XIX y principios del XX, millones de inmigrantes europeos llegaron a Estados Unidos. Entre ellos viajaban miles de familias judías que llevaron consigo sus recetas, tradiciones y alimentos favoritos.
Por lo que el bagel cruzó el Atlántico y encontró un nuevo hogar en ciudades como Nueva York, donde comenzó a ganar popularidad entre las comunidades inmigrantes. Durante décadas siguió siendo un producto local, conocido sobre todo en determinados barrios neoyorquinos.

Cómo Nueva York convirtió al bagel en una leyenda
Hoy en día cuando pensamos en los bagels, probablemente lo que primero que se nos venga a la cabeza sea Nueva York ya que dicha ciudad perfeccionó y popularizó una versión que se caracteriza por una corteza brillante y ligeramente crujiente, un interior denso y masticable, fermentaciones largas y una cocción previa en agua antes del horneado.
Los bagels neoyorquinos se hicieron tan famosos que muchas personas siguen considerándolos el estándar de referencia. El clásico desayuno de bagel con queso crema y salmón ahumado nació precisamente en este contexto cultural.

La expansión mundial
Durante la segunda mitad del siglo XX, el bagel dejó de ser un alimento asociado exclusivamente a las comunidades judías y comenzó a formar parte de la cultura gastronómica popular.
Las cadenas de cafeterías, panaderías y restaurantes ayudaron a difundirlo por Estados Unidos, Canadá, Europa y posteriormente Asia y Oceanía.
Bagels y café: una combinación perfecta
No es casualidad que el bagel haya encontrado un lugar privilegiado en las cafeterías contemporáneas, su textura consistente y su versatilidad lo convierten en el acompañante ideal para una taza de café.
Puede servirse dulce o salado, en desayunos rápidos o en largas conversaciones entre amigos. Quizá por eso encaja tan bien en espacios como JNJ & Books Coffee donde la comida, la lectura y la comunidad se encuentran.
